El problema de cocer los alimentos y manipularlos se ha solucionado de diferentes formas. Cada cultura ha utilizado utensilios aprovechando los materiales que la naturaleza les proporcionaba en su entorno. De esta manera se sabe de la utilización de conchas de tortugas o moluscos por parte del hombre primitivo; tubos sellados de bambú en diferentes lugares de Asia; o grandes cuencos de piedra tallados por los americanos prehispánicos.

Los Utensilios de Cocina y su historia

El desarrollo de la cerámica permitió la creación de múltiples utensilios de cocina. Mediante el recubrimiento de la loza con materiales naturales y, más tarde de cerámica vidriada, se podía convertir un recipiente poroso en un vaso resistente al agua. Los productos de cerámica eran tan resistentes que incluso después del uso masivo de metales como el bronce o el hierro, las clases menos pudientes las preferían debido a su bajo costo de producción. En la Edad Media se cocinaba a fuego abierto y los útiles utilizados (de barro, hierro o bronce) solían ser ollas, sartenes y calderos.

En el siglo XIX aumenta la variedad de materiales y encontramos desde cacerolas de cobre o hierro forjado a cacerolas de aluminio. La cerámica, nunca olvidada, resurge con fuerza en este siglo. También se produce una preocupación por los efectos nocivos del uso de distintos materiales en la fabricación de utensilios. Desde principios del siglo XX el uso del plástico y derivados (descubierto en 1850) se hizo extremadamente popular y llegó a sustituir a otros materiales tanto en el ámbito doméstico, como industrial iniciándose la “era del plástico”. Se consolida el uso del aluminio gracias a su abaratamiento.

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El acero inoxidable fue inventado a principios del siglo XX cuando se descubrió que una pequeña cantidad de cromo añadido al acero común, le daba un aspecto brillante y lo hacía altamente resistente a la suciedad y a la oxidación. El abaratamiento del aluminio lo consolidan como materia en general, esto ocurrió en 1679, pero no fue hasta 1919 en que el español José Alix Martínez patenta lo que se denominó como olla exprés.

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A continuación, una breve descripción: parte 1

Acero inoxidable: Existe un acero inoxidable sin níquel, del tipo 434, que puede ser utilizado en ollas, pero que, al no ser tan brillante, su mercadeo se podría dificultar. Con respecto al cromo que forma parte del acero inoxidable, la exposición excesiva a este metal puede causar dermatitis, asma bronquial y úlceras.

Cerámica: Las ollas de cerámica son más comúnmente utilizadas en la población hispana, donde se han encontrado cantidades importantes de plomo, sustancia sumamente tóxica y que podría ser muy peligrosa en especial para los niños y mujeres embarazadas, inclusive luego de un periodo corto de uso.

Esmaltado: El esmaltado es el acabado vítreo de la cerámica. Los esmaltados de porcelana que no estén rallados ni desconchados no desprenden ningún componente tóxico.

Los utensilios de barro no deben estar barnizados y en caso de tener esmalte deben certificarnos que no contienen plomo.

Cobre: Este metal es un excelente conductor del calor, por lo que hace el proceso de cocción es más eficiente. Se ha visto que este compuesto también se trasmite a los alimentos que se cocinan.

Hierro fundido: Este material es fuerte y muy resistente al desgaste o corrosión que se produce a lo largo del tiempo. No obstante, el hierro del utensilio puede pasar a los alimentos, especialmente si estos son ácidos, lo cual podría provocar problemas de salud, ya que el exceso de hierro se deposita en órganos como el hígado, el bazo y el corazón, dañándolos a largo plazo, principalmente a los hombres, quienes tienen requerimientos de hierro menores que el de las mujeres. El hierro no es un buen conductor de calor (por lo que cocinar en utensilios de hierro requiere mayor consumo energético que con el resto de materiales), pesa mucho y tiene el problema añadido de los cuidados que necesita para evitar la oxidación.

Fuente: www.nutraease.es